Llegó mi hermano

Creo en angelitos
que duermen en las nubes
y me envían besitos
todos los lunes.
Un día me dijeron que sólo yo nunca estaría
pues un hermanito mi madre tendría,
para jugar conmigo y contarnos cuentos
salir de paseo y estar muy contentos.
Por fin le vi,
solo le asomaba la nariz,
sus grandes ojos y sus manitas,
sus pucheros y sonrisitas.
¡Gracias angelitos
que estáis en los cielos
por enviarme desde allá arriba
a mi hermano, un lucero!

Autor: Anónimo

Cuando éramos niños

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Autor: Mario Benedetti

Piececitos

Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!

¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!

El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis;

que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.

Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
perfectos.

Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
las gentes!

Autor: Gabriela Mistral

Marinero en tierra

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Autor:
Rafael Alberti 

Mar distante

Si no es el mar, si es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, si es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, si es su nombre
en un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, si es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.

Autor: Pedro Salinas

En una Ciudad

En una ciudad de Francia
ocurrió una gran desgracia.

Un joven enamorado
Recibió un día un recado.

La dama a quien él quería
En el lecho se moría .

Repetía sin cesar
Que viniera su juglar.

Cuando llegó a su morada
Se la encontró amortajada.

El la apretó entre sus brazos
Y se murió en su regazo.

Cuando los labios juntaron
Sus cuerpos resucitaron.

Volverán las golondrinas


Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres ,
esas...¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo, absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así... no te querrán!